La piedra
Cruzó el aire como un silbido. Veloz, poderosa. No estaba acostumbrada a abandonar el suelo
, y la sensación le gustó. Le gustó mucho. No es que fuese un vuelo exactamente magnífico como el de un halcón, pese a que eso mismo era lo que la piedra quería imitar, pero le sirvió para darle un efímero momento de banal felicidad. Porque es lo que tiene la naturaleza, que el halcón vuela y la piedra es solo eso: piedra
Y en el aire, levantada un par de metros, sintió nostalgia. Nostalgia de un pasado en el que su piel no era rugosa, fría, ocre y su carne arcillosa y dura, sino que las plumas cubrían su cuerpo orgulloso, frágil y perfecto para desprenderse de la tierra y saborear el libre aire que corre por donde no alcanza la vista
El fin del vuelvo fue trágico: un golpetazo contra el asfalto, a tan sólo dos centímetros de su objetivo. Había errado el blanco. El casco verde guerra del soldado israelita no fue alcanzado. Ojalá hubiese pasado lo mismo con la bala que, aunque su deseo más profundo era el de ser un colibrí, no pudo luchar contra su miserable destino, y en el final de su único, último y desgraciado vuelo cruzó el pecho, desgarrando vida, del niño palestino que había dado alas a la piedra.
Extracto de PoesiaemProsa. Y juicios subjetivos de un trastornado condenado al ostracismo. de Juan Francisco Navas.















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